La vaquería del tío Emeterio

En una entrada anterior del blog hablábamos de la boda de Manuel Magariños Mera. Por la esquela de Manuel, sabemos que tenía un hermano llamado Emeterio, que se había casado con Matilde Torres.

Para no liarnos mucho, aquí incluyo los vínculos a los árboles genealógicos.

Como se describe en este anuncio publicitario publicado en la revista actualidades, el 1 de diciembre de 1909, Emeterio poseyó una lechería en la calle de la Aduana nº 35. Según se desprende del artículo, no tendría las vacas en la misma tienda en Madrid sino que se encontrarían en el pueblo de Los Molinos, a unos 50 km de Madrid.

Emeterio_Magarinos_Lechería.png

 

El problema de las vaquerías ha sido siempre, y lo es actualmente, motivo de preocupación del vecindario madrileño, pues, por desgracia, son pocas las que reúnen las condiciones que marcan las Ordenanzas municipales.
Como verdadera excepción puede citarse la que D. Emeterio Magariños tiene establecida en el núm. 35 de la calle de la Aduana, y que, a pesar de que su instalación sólo data del mes de Marzo último, es hoy modelo entre las de su clase.
El Sr. Magariños, industrial tan activo como concienzudo, tiene sus vacas pastando en Los Molinos; y tal es el cuidado que las dedica y tanto su interés por el negocio en bien del público, que en los análisis que realizan los veedores municipales, la leche de aquellas alcanza una graduación de 35°. Este dato bastará para que dicha casa pueda citarse como modelo y justifica el que cuente con una numerosa clientela, que cada día va en aumento.

Emeterio Magariños y Matilda Torres fueron los padres de Santiago Magariños Torres, Ramón Magariños Torres y de Fernando Magariños Torres, primos de mi abuelo.

Santiago Magariños tuvo cierta relevancia intelectual. Fue profesor de universidad antes de la guerra civil. Durante la guerra, fue arrestado dos veces en Madrid por sospecharse de su simpatía con los franquistas aunque nunca fue condenado, siendo absuelto en ambas ocasiones. Después de la guerra, formó parte de la dirección del Instituto de Cultura Hispánica pero en 1952 tuvo que dimitir y exiliarse a Venezuela al anunciarse que el Instituto iba a publicar una antología de Miguel Hernández, que él había autorizado.

 

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